James Bond, una saga plena de acción removida no agitada
La taquilla y la crítica prolongan el idilio con el flemático espía ideado por Ian Flemming
Bond, James Bond, es un singular y efectivo espía al Servicio de Su Majestad que ha sobrevivido al paso de los años, tras casi 22 cintas, si contamos con la inminente entrega Quantum of Solace cuyo estreno está previsto para el próximo mes de noviembre. Las aventuras del agente 007 han marcado un antes y un después dentro del género de películas de acción. Tanto el pasado de su creador Ian Flemming, como antiguo miembro de la Inteligencia Británica durante la Segunda Guerra Mundial, como la situación socioeconómica mundial en pleno apogeo de la Guerra Fría en la que se estrenó la primera entrega Dr. No en 1962, conformaban un caldo de cultivo suficientemente jugoso para asegurar su éxito. En la revista GX proponemos una somera visión de la emblemática saga desde el punto de vista de la acción y la incidencia de los ingenios tecnológicos, acompañados por Jordi Casares un madrileño especialista en escenas de acción (stuntmant) que ha participado en varias entregas de la saga.
Un madrileño entre bastidores
Jordi Casares es un madrileño de 50 años actual director de la empresa Toma Uno Acción, dedicada a Servicios de Especialistas para Cine, TV, Spots y Eventos, que cuenta con un amplio currículum con más de medio centenar de películas y el logro de haber participado en la elaboración de las escenas de acción en tres de las entregas de 007 protagonizas por Pierce Brosnan: Alta Tensión, el Mañana Nunca Muere y El Mundo Nunca es Suficiente. Su gran pericia como stuntman, doble y coordinador de acrobacias en escenas de acción, le ha permitido trabajar durante 20 años con Vic Armstrong, uno de los “gurús” de la profesión. En Muere Otro Día actuó como doble de 007 además de como especialista en acrobacias, una función, está última, que también desempeñó en El Mañana nunca muere y en 007 Alta Tensión.
Acción “in crescendo”
Para Jordi Casares la clave del éxito de la saga James Bond se define claramente por “la carga de acción que hay en James Bond y la flema británica del protagonista” afirma sin ambages. Para Casares “su supervivencia en el tiempo confirma que la idea inicial era buena. Todo el mundo acude al cine a ver el espectáculo de James Bond, preparados para contemplar las nuevas escenas que ofrece cada entrega” confirma el actor.
El realismo de las escenas de acción, entendiendo estas como escenas de lucha cuerpo a cuerpo o a bordo de todo tipo de vehículos, con el paso de las entregas ha ido derivando en el cada vez mayor uso de fuegos de artificio, en forma de nuevas tecnologías al servicio de la imaginación de los productores. Según avanza la saga, la carga de acción va cobrando cada vez mayor protagonismo, el número de especialistas en las diferentes escenas aumenta sobremanera. De esta forma y por poner un ejemplo, en Panorama Para Matar (1986), el James Bond interpretado por Roger Moore se ve obligado a realizar acrobacias de diferentes tipos, como su fulgurante aparición a bordo de una tabla de snowboard o una controvertida carrera de caballos. Todo ello se aprecia en los créditos con más de medio centenar de extras encargados de las escenas de conducción, aéreas, a caballo y sobre la nieve que se muestran en el film. En la última entrega emitida hasta la fecha, Casino Royale, en el debut de Daniel Craig como 007, el reparto estaba compuesto por más de un centenar de personas encargadas de los efectos especiales, visuales y especialistas de las escenas de acción. La paulatina aparición de los departamentos de efectos especiales lejos de ser un peligro para los especialistas suponen “nuevas posibilidades para nosotros, además nos otorgan mayor seguridad para evitar accidentes y nos ayudan a preparar mejor las escenas” afirma el director de la empresa especializada Toma Uno Acción.
La efectividad de los doblajes
Jordi Casares recuerda con especial cariño la coordinación de una de las escenas clave de el Mañana Nunca Muere, en la que James Bond escapa a bordo de una moto BMW con la coprotagonista Michelle Yeogh de copiloto y acaba saltando por encima de un helicóptero en pleno puerto de Bangkok, en Tailandia, mientras a su paso se iban destruyendo diferentes edificios. La precisión en su trabajo es esencial, ya que según sus propias palabras, “todo lo que envolvía a esta escena, efectos especiales, construcciones, atrezzo, etc., fue desarrollado durante un mes y si no respondes bien a las expectativas el fracaso es increíble”. Otra de las escenas que para Jordi Casares posee un gran atractivo es la persecución de vehículos en el hotel de hielo de el Mañana nunca muere.
El día a día de un stuntmant
Jordi Casares recuerda que su primera incursión en escenas de acción fue en un anuncio en el que aparecía haciendo de las suyas a lomos de un caballo, una de las disciplinas en las que muestra mayor pericia. “Nuestro día a día consiste en visionar escenas de acción para desglosarlas, presupuestarlas y preparar a gente que pueda llevarlas a cabo” revela Casares, que considera que una de las claves esenciales para un buen stuntmant es “el físico, que resulta muy importante, hay que estar siempre preparado y entrenando nuevas técnicas gimnásticas y de artes marciales”. A la hora de doblar a los actores protagonistas Casares revela que “es necesaria una colaboración muy estrecha con ellos. Son conscientes de que sin nuestro trabajo tampoco podrían lucirse en las escenas de acción”. La injusticia de la profesión de un especialista hace que no trascienda más allá del sector especializado, si bien, Jordi confirma que “para nosotros el público no es nuestra motivación, pero si el hecho de que en este mundillo se sepa que has sido capaz de hacer una determinada escena”.
Acción con sello femenino
A pesar de mantener un cierto halo prominentemente machista, la saga James Bond ha experimentado un marcado cambio, que podría satisfacer, sólo en parte, las cuando menos extravagantes demandas de Bibiana Aído, la “miembra” más joven del actual ejecutivo español. Si en las primeras entregas de la saga, la presencia femenina se limitaba a presentar un simple contrapunto voluptuoso al protagonista masculino, como podría ser el caso de Ursula Andress en Dr. No o de Tatiana Romanova en Desde Rusia con amor, se ha pasado con el devenir de la saga a una presencia más activa y menos testimonial. Grace Jones en Panorama para matar no dejaba lugar a dudas en este cambio palpable, con un papel mucho más racial, o como se puede apreciar en las interpretaciones más actuales de otras chicas Bond, como Denise Richards en El Mundo nunca es suficiente o de Halle Berry en Muere otro día, donde las féminas muestran además de un insultante atractivo físico, gran inteligencia y capacidades atléticas.
Los peligros de los dobles
La profesión de doble de escenas de acción está acompañada de múltiples peligros. Sin ir más lejos, en la próxima entrega de la saga, Quantum of Solace, que se estrenará el próximo mes de Noviembre, el rodaje hubo de suspenderse tras un grave incidente por el actor de doblaje griego Aris Comninos. El actor se encuentra en coma, tras el accidente que sufría mientras conducía un Alfa Romero 159, cuando se estaba filmando la espectacular persecución inicial de la cinta al vehículo de Bond, con un camión de grandes dimensiones de por medio, el especialista perdió el control del vehículo y tras chocar contra el camión se golpeó brutalmente contra el muro de contención. Durante este mismo rodaje, que está resultando cuando menos caótico, el propio vehículo de James Bond, Aston Martin DB5, se precipitaba al lago Garda en otro momento del doblaje en el que el especialista perdió el control del vehículo, esta vez sin peligro para su integridad. El propio actor Craig David ha sufrido, además, una pequeña herida en uno de sus dedos en una de las escenas y para colmo, el rodaje también se vio importunado por diversos problemas en algunas de sus localizaciones en Panamá y Chile.
No hay Bond sin gadgets
Uno de los más apreciados gadgets valorados, por los millones de fans de 007, es el autopropulsor Jetpack que apareció por primera vez en Thunderball, para el que en la entrega Muere otro día Pierce Brosnan pregunta a Q, a modo de homenaje, si todavía funciona. Resultó tan destacado su impacto mediático, que fue producido de manera comercial aunque brevemente, poco después de la película. En la actualidad la compañía Jet Pack International planea el lanzamiento de un pack de cohetes propulsores capaces de deparar vuelos de nueve minutos cuyo precio alcanzarán las 100.000 libras esterlinas.
El primer maletín que Q, el Maestro de los Gadgets tecnológicos, ofrece en Desde Rusia con amor marca un antes y un después en la saga, que a partir de entonces incorpora como uno de los momentos clave de cada entrega. Este primer maletín incluía un rifle francotirador con munición, un cuchillo, 50 soberanos de oro y un recipiente de gas que explotaba si cualquiera que no fuera Bond intentaba abrir el maletín.
El sistema de entrenamiento de realidad virtual utilizado en Muere Otro Día se ha convertido en otro de los ingenios más destacados de la saga, un elemento al que la propia Monepenny encuentra otra utilidad para vivir aventuras virtuales con su idolatrado James. El respirador utilizado por James Bond en Thunderball, con el tamaño de un bolígrafo y una capacidad para sobrevivir bajo el agua de cuatro minutos, fue suficiente para que el agente 007 superara la amenazadora presencia de un tiburón. La televisión de muñeca que lucía Bond en Octopussy, parecía un anticipo de lo que al público en general nos ha deparado a día hoy las tecnologías. Sin embargo, en cuanto a sorpresas más llamativas cabría destacar los gadgets que 007 lucía en Desde Rusia con Amor: un teléfono instalado en el vehículo, una cámara y grabadora de voz y un reloj con mensajes de textos, entre otros, que podrían considerarse como precedentes de ficción de los actuales teléfonos móviles. Como no podía ser de otra forma muchos se quedan en el tintero, como el mítico Aston Martin DB5 al que tan buen partido sacó Sean Connery en Goldfinger, que fue subastado en 2006 por un 1,9 millones de dólares, o el mini helicóptero compacto Little Nellie de Sólo se vive dos veces y así un largo etcétera de ingenios que marcan el ritmo de la acción de una saga de imaginación inagotable.
Curiosidad
La escena más conocida dentro de toda la filmografía de 007 es la escena de apertura de cada una de las entregas de la saga. En ella, al ritmo de pegadiza sintonía central, aparece, supuestamente, el protagonista que encarna a James Bond bajo la perspectiva de un cañón de fusil que hace las veces de objetivo de una cámara de “Agujero de Alfiler”, al que el agente acaba disparando tras percibir su localización. Se da la circunstancia de que en las tres primeras películas de James Bond, protagonizadas por el inefable Sean Connery, esta escena de apertura fue protagonizada por el doble Bob Simmons, que se encargaba de rodar las escenas más comprometidas que el actor irlandés tenía que encargar en la película.